Hugo Chávez fue un milagro

Publicado: 29/03/2013 en Politica
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Chávez corazón rojo

Paul Craig Roberts

El 5 de marzo de 2013 fallecía Hugo Chávez, presidente de Venezuela y líder antiimperialista mundial. Los imperialistas de Washington junto con sus medios de comunicación, su comité de expertos mercenarios y la adoctrinada población estadounidense exhalaban con regocijo suspiros de alivio. Un ‘enemigo de América’ se había marchado.

Chávez no era un enemigo de América, era un enemigo de la hegemonía que Washington ejerce sobre otros países y enemigo de la alianza entre Washington y las camarillas de las élites dominantes que roban a un pueblo al que debilitan y niegan el sustento. Fue enemigo de la injusticia perpetrada por Washington y su política exterior, basada en mentiras, agresiones militares, bombas e invasiones.

Washington no es América. Washington es la ciudad natal de Satán.

Chávez fue amigo de la verdad y la justicia y esto le convirtió en un ser impopular en Occidente, lugar en el que los líderes políticos consideran que la verdad y la justicia son graves amenazas.

Chávez fue un líder mundial y a diferencia de los políticos estadounidenses fue respetado en todo el mundo no occidental. Recibió doctorados honoris causa en China, Rusia y Brasil, entre otros países, aunque no en Harvard, Yale, Oxford o Cambridge.

Chávez fue un milagro y lo fue porque no se vendió a los Estados Unidos ni a las élites venezolanas. Si lo hubiera hecho, se habría hecho millonario a base de ingresos petroleros, como la familia Real Saudí, y habría sido honrado por los Estados Unidos de la misma manera en que Washington honra a todas sus marionetas: con invitaciones a la Casa Blanca. Podría haber tenido asegurado de por vida un puesto como dictador solo por el hecho de servir a Washington.

Todas y cada una de las marionetas de Washington, desde Asia hasta Europa pasando por Oriente Medio, esperan con ansiedad esa invitación que demuestra la gratitud de Washington por sus servicios al poder imperialista global que aún ocupa Japón y Alemania 68 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, y Corea del Sur 60 años después de la Guerra de Corea, y que ha situado bases militares y enviado tropas a numerosos países considerados ‘soberanos’.

A Chávez le habría resultado políticamente muy fácil venderse. Le habría bastado con continuar la retórica populista, promocionar a sus aliados en el ejército, hacer un nunca antes experimentado incremento de los beneficios a las clases bajas y repartirse el resto de los ingresos del petróleo con las corruptas élites venezolanas.

Pero Chávez era una persona genuina, como lo es Rafael Correa, reelegido por tercera vez presidente de Ecuador, y que se enfrentó a los Estados Unidos y concedió asilo político a Julian Assange; o Evo Morales, el primer presidente indígena que ha tenido Bolivia desde la conquista española. La mayoría de los venezolanos vio que Chávez era una persona genuina. Le eligieron presidente en cuatro ocasiones y hubieran continuado eligiéndole si siguiera vivo y hasta el final de sus días. Lo que más detesta Washington es una persona genuina que no se deja comprar.

Cuanto más demonizaban a Chávez los corruptos políticos occidentales y sus medios de comunicación, más lo querían los venezolanos. Comprendieron perfectamente que alguien condenado por Washington era un regalo del cielo para el mundo entero.

Enfrentarse a Washington, sin embargo, es costoso y todos aquellos que se atreven a hacerlo son demonizados. Todos se arriesgan al asesinato o a ser derrocados por un golpe de Estado organizado por la CIA, como le sucedió a Chávez en el año 2002. Cuando las élites venezolanas dirigidas por la CIA dieron el golpe de Estado y secuestraron al presidente fueron el pueblo venezolano que se echó a la calle junto y ciertos elementos militares los que consiguieron ahogar el intento de golpe de Estado antes de que las élites venezolanas acabaran con la vida de Chávez. Esas mismas élites lograrían a su vez salvar sus sobornables vidas gracias al comportamiento humanitario que mostró posteriormente Chávez. El pueblo venezolano se levantó de forma masiva y espontánea en defensa de su presidente, refutando con ello el mito del Chávez dictador difundido por la Clasa Blanca.

Haciendo gala de su sórdida corrupción, el New York Times tomó partido por el antidemocrático golpe de Estado perpetrado por un puñado de elitistas en contra del presidente elegido democráticamente afirmando que la destitución de Chávez provocada por las élites enriquecidas en colaboración con operativos de la CIA supondría ‘el fin de la amenaza a la democracia venezolana por un aspirante a dictador’.

Las mentiras y la demonización continúan tras la muerte de Chávez. Nunca le perdonarán por alzarse en defensa de la justicia así como tampoco perdonarán a Correa y Morales, cuyos nombres están ya sin ninguna duda en su lista de magnicidios.

CounterPunch y Fairness & Accuracy in Reporting (FAIR) entre otros comentaristas políticos, han recogido ejemplos de necrológicas cargadas de veneno escritas por la prostituida prensa occidental con motivo de la muerte de Chávez, básicamente celebrando el hecho de que la muerte haya logrado silenciar a la voz más valiente que ha habitado sobre la tierra

http://www.counterpunch.org/2013/03/08/obituaries-for-hugo-chavez/

http://fair.org/take-action/media-advisories/in-death-as-in-life-chavez-target-of-media-scorn/

Quizá la más absurda de las declaraciones fuera la de la reportera de economía de Associated Press, Pamela Sampson, la cual afirmó que Chávez despilfarró los beneficios del petróleo en ‘programas sociales que incluían un mercado estatal de alimentos, subsidios sociales destinados a familias pobres, centros públicos de salud y programas de educación’, sin duda una forma muy poco acertada de emplear un dinero que podría haber sido invertido en construir rascacielos como ‘el edificio más alto del mundo en Dubai o filiales de los museos del Louvre y del Guggenheim en Abu Dhabi’.

http://www.fair.org/blog/2013/03/06/ap-chavez-wasted-his-money-on-healthcare-when-he-could-have-built-gigantic-skyscrapers/

Para las decenas de millones de víctimas de Washington en todo el mundo – los pueblos de Afganistán, Iraq, Libia, Sudán, Pakistán, Yemen, Somalia, Siria, Palestina, Líbano, Mali, junto con Rusia, China y Sudamérica que esperan un turno de sanciones, desestabilización, conquista o reconquista, el discurso que pronunció Chávez el 20 de septiembre de 2006 en la Asamblea General de las Naciones Unidas durante el mandato de George W. Bush, perdurará como el mejor discurso de principios del siglo XXI.

Chávez decide enfrentarse a los lobos, o mejor dicho a Satán, en su propia guarida:

“Ayer, el mismo diablo estuvo aquí, en esta misma tribuna, hablando como si fuera dueño del mundo. Huele a azufre todavía.

Un psiquiatra no estaría de más para analizar el discurso de ayer del presidente de los Estados Unidos. Como portavoz del imperialismo que es, vino a dar sus recetas para tratar de mantener el actual esquema de dominación, de explotación y de saqueo a los pueblos del mundo. Una película de Alfred Hitchcock sería buena como escenario. Incluso propondría un título: `La receta del Diablo’”.

La Asamblea General de las Naciones Unidas jamás había escuchado antes semejantes palabras, ni siquiera en los tiempos en que la militarmente poderosa Unión Soviética estaba presente. Muchos rostros reflejaron una sonrisa de aprobación pero nadie se atrevió a aplaudir. Demasiado dinero estadounidense para la patria estaba en juego.

Las delegaciones de Estados Unidos y Reino Unido desaparecieron de escena, como vampiros amenazados con la cruz y los ajos, como hombres lobo aterrorizados por balas de plata.

Chávez habló de la falsa democracia que las élites imponen a la fuerza y en algunas ocasiones mediante ‘armas y bombas’; ‘¿Qué clase de democracia es esa que ustedes imponen con marines y bombas?’ preguntó.

‘A donde quiera que mira’, dijo Chávez refiriéndose a George W. Bush, ‘solo ve extremistas. Estoy seguro de que te ve a ti, hermano mío, con ese color, y cree que eres un extremista. Evo Morales, el digno presidente de Bolivia, es también un extremista. Los imperialistas ven extremistas por todos lados. No somos extremistas, lo que pasa es que el mundo está despertando. Y por todos lados insurgimos los pueblos’.

En dos frases cortas, unas 20 palabras, Chávez definió de una vez por todas lo que ha sido la política de Washington durante el comienzo del siglo XXI: ‘El imperio teme la verdad, teme a las voces independientes. Nos llama extremistas, pero ellos son los extremistas’.

En Sudamérica y en el mundo no-occidental se ha responsabilizado a Washington por la muerte de Chávez. El pueblo sudamericano es bien consciente de las audiencias del Congreso de Estados Unidos durante los años 70 en las que el comité Church ( Comité selecto del Senado de los Estados Unidos para el estudio de las operaciones gubernamentales respecto a las Actividades de Inteligencia) sacó a la luz los diversos planes diseñados por la CIA para envenenar a Fidel Castro.

El documento oficial presentado al presidente John F. Kennedy por el Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, llamado Proyecto Northwoods, es conocido en el mundo entero y está disponible en internet. El Proyecto Northwoods consistía en el montaje de una operación contra ciudadanos estadounidenses para poder culpar después a Cuba y de esta forma generar una opinión pública mundial que aceptase un cambio de régimen en la isla impuesto por Estados Unidos. El presidente Kennedy rechazó la propuesta por considerarla incompatible con la moral y con un gobierno responsable. http://en.wikipedia.org/wiki/Operation_Northwoods

En Sudamérica va cobrando fuerza la creencia de que es Washington, con sus espantosas estrategias mortíferas, la responsable de haber inoculado a Chávez el cáncer que padecía, con el fin de eliminar la amenaza que éste representaba para la hegemonía de Washington en América del Sur.

Esta creencia nunca desaparecerá: Chávez, el más grande entre los sudamericanos desde Simón Bolívar, fue asesinado por Washington. Verdadera o falsa, esta creencia está ya consagrada. A medida que Washington y el globalismo destruyen más países, las vidas de las élites se hacen cada vez más precarias.

El presidente Franklin Delano Roosevelt supo entender que la seguridad de los ricos pasa necesariamente por la seguridad económica de las clases bajas y estableció en los Estados Unidos una forma de socialdemocracia que los políticos europeos ya habían reconocido como necesaria para lograr la cohesión social y la estabilidad económica.

Los gobiernos de Clinton, Bush y Obama han emprendido la tarea de socavar la estabilidad que Roosevelt logró conseguir, de la misma forma en que Thatcher, Major, Blair y el actual primer ministro de Reino Unido han debilitado el acuerdo social entre clases en este país. Los políticos de Canadá, Australia y Nueva Zelanda también han cometido el error de entregar más poder a las élites privadas en detrimento de la estabilidad social y económica.

Gerald Celente pronostica que las élites no sobrevivirán al odio y la ira que ellos mismos están generando y sospecho que tiene razón. Se está destruyendo a la clase media estadounidense, la clase trabajadora se ha convertido en proletaria y se está desmantelando el sistema de bienestar social con el objetivo de reducir el déficit presupuestario causado por la pérdida de recaudación fiscal, la deslocalización de puestos de trabajo, los costes de las guerras, las bases militares en el extranjero y los rescates financieros. Se está obligando a sufrir pueblo estadounidense para que las élites puedan continuar con sus agendas.

Las élites estadounidenses conocen las consecuencias y por ello han creado un Ministerio de Interior al estilo nazi conocido como Seguridad Interior, armado con suficiente munición para matar cinco veces a cada estadounidense y con tanques que anulan la Segunda Enmienda a la Constituciónhttp://www.forbes.com/sites/ralphbenko/2013/03/11/1-6-billion-rounds-of-ammo-for-homeland-security-its-time-for-a-national-conversation/

De nada sirven las pistolas y los rifles frente a los tanques, tal y como pudieron comprobar los davidianos de Waco, Texas. La protección de las reducidas élites contra el pueblo estadounidense al que están oprimiendo es la razón por la que se está militarizando policía, bajo control de Washington y armando con aviones no tripulados que pueden asesinar a los verdaderos líderes del pueblo estadounidense que no se encuentran en las cámaras legislativa, ejecutiva o judicial, sino en las calles http://www.globalresearch.ca/the-militarization-of-law-enforcement-in-america-use-of-military-technology-and-tactics-by-local-level-police/5326303

Los campos de internamiento en los Estados Unidos, lejos de ser una teoría conspiratoria son ya una realidad http://www.youtube.com/watch?v=FfkZ1yri26s

http://info.publicintelligence.net/USArmy-InternmentResettlement.pdf

La amenaza que el propio gobierno de los Estados Unidos representa para sus ciudadanos fue reconocida el 7 de marzo de 2013 por los senadores Ted Cruz (R-TX) y Rand Paul (R-KY) que presentaron un proyecto de ley para evitar posibles asesinatos de ciudadanos estadounidense a manos de su propio gobierno: ‘El Gobierno Federal no podrá usar aviones no tripulados para asesinar a ningún ciudadano de los Estados Unidos que se encuentre dentro del país’ a menos que esa persona ‘suponga una inminente amenaza de muerte o riesgo de ocasionar lesiones corporales graves a otro individuo. Lo expuesto anteriormente no deberá dar lugar a interpretaciones que sugieran que de otro modo la Constitución permitiría el asesinato de un ciudadano de los Estados Unidos en los Estados Unidos sin el debido procedimiento legal’ http://www.cruz.senate.gov/record.cfm?id=339952

La ‘gente imprescindible’ junto con sus presidentes Bush y Obama han comenzado el siglo XXI con muerte y violencia. Ése es su único legado.

Toda esa muerte y violencia desatada por Washington regresará a Washington y a las élites políticas corruptas allí donde se encuentren. Como dice Gerald Celente, la primera gran guerra del siglo XXI acaba de comenzar.

Paul Craig Roberts fue secretario adjunto del Tesoro para Política Económica y editor asociado de Wall Street Journal. Ha publicado artículos paraBusiness Week, Scripps Howard News Service Creators Syndicate y ha recibido diversos nombramientos universitarios. Internautas de todo el mundo siguen sus columnas publicadas en internet. Su último libro El fracaso del capitalismo del Laissez Faire y la desintegración de la economía occidental ya está disponible.

 

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