La mejor inversión de futuro

Publicado: 20/02/2013 en Sociedad
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El legado martiano en relación con la preparación del hombre para la vida constituye hoy una responsabilidad ineludible para los educadores.

Por: Alina M. Lotti

Fuente: Trabajadores.

Profético para su tiempo, el legado martiano en relación con la preparación del hombre para la vida constituye hoy una responsabilidad ineludible para los educadores. Es en los espacios dedicados a la primera infancia y en las aulas donde  se hace posible cultivar la inteligencia, desarrollar el amor por el trabajo y la conciencia de que solo bajo su abrigo las sociedades podrán salir adelante.

Este fue, quizás, el hilo conductor de muchos de los debates suscitados en el congreso internacional Pedagogía 2013 que, de alguna manera, dieron continuidad a lo abordado en la tercera conferencia por el Equilibrio del Mundo, celebrada del 28 al 30 de enero último.

Ambos eventos, a 160 años del natalicio del más universal de los cubanos, ratificaron la legitimidad de sus ideas en el campo educativo y formativo de las nuevas generaciones, donde cada vez los desafíos son superiores.

En el ámbito de la preparación de los jóvenes para el mundo laboral, por ejemplo, el quehacer es inmenso y los retos estimulan a la Educación Técnica y Profesional  (ETP) —conscientes de su pertinencia— a accionar bajo las exigencias de los adelantos de la  ciencia y la técnica, las nuevas tecnologías y los requerimientos sociales, tal y como lo afirmó en Pedagogía 2013 el doctor Aker Aragón, fundador de esta enseñanza en Cuba.

Sin olvidar las particularidades de cada nación, y teniendo en cuenta la creciente integración de América Latina y el Caribe, Aker insistió en la necesidad de garantizar la formación de los jóvenes de una manera integral, a través de perfiles amplios y flexibles, y con el dominio de habilidades que luego necesitarán durante la vida.

De igual manera, consideró fundamental el perfeccionamiento sistemático de los currículos y contenidos a fin de que cumplan los principios básicos del proceso pedagógico, así como la preparación de los docentes y su superación continua.

Si se quiere preparar al hombre para la vida hay que hacerlo desde el trabajo, dijo Martí, según parafraseó Juan Carlos Padilla, director del Instituto Politécnico Agropecuario Villena-Revolución (institución paradigmática de la  ETP en nuestro país). Tal apotegma martiano transitó por muchas de las intervenciones realizadas por estos días.

Al calor de los debates también salió a flote el vínculo entre organismos formadores y empleadores, el cual debe trascender el criterio de la simple ayuda y considerarse con una mirada más profunda y abarcadora. La escuela es la fragua que prepara para la vida, el trabajo. En tanto, la entidad productiva tiene que ver este proceso como la mejor inversión de fuerza laboral para el futuro.

La enseñanza técnica y profesional de nuestros días, muy diferente a la de épocas anteriores, reclama en el caso de los estudiantes la asimilación de habilidades profesionales básicas, y en los docentes el dominio de didácticas específicas, según la especialidad de que se trate. El profesor del politécnico y el tutor de la empresa deben ser los protagonistas del proceso docente-educativo.

La educación no puede solo transmitir conocimientos y experiencias sobre hechos y fenómenos de la vida, sino tiene que enseñar el “saber hacer” y “a crear”, según recalcó la titular del sector,  Ena Elsa Velázquez Cobiella, al dejar inaugurado Pedagogía 2013.

En sentido general, Cuba avanza en este campo y en los últimos años no solo se han incrementado las matrículas para la formación de técnicos medio y obreros calificados, sino que cada vez más los maestros de la ETP transitan por las entidades productivas, y los especialistas de la producción y los servicios por los institutos  politécnicos.

Una novedad en la enseñanza, dirigida a su fortalecimiento, ha  sido la creación de las aulas anexas en los propios centros laborales — hoy funcionan alrededor de 4 mil 500 en todo el país como un paliativo para resolver el déficit de base material de estudio— lo cual favorece la asimilación de las nuevas tecnologías y los vínculos con las mejores tradiciones y experiencias de la clase obrera.

“Estamos obligados a alcanzar progresos considerables en la educación como base del desarrollo económico-social. Nada de lo que nos proponemos, desde la disminución de la inequidad hasta la reducción de la brecha tecnológica y digital, será posible sin ello”, afirmó Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la reciente Cumbre de la Celac. Y bajo esa óptica, precisamente, se inscribe el camino a seguir.

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