Operación de la CIA cambió visión y misión de la SIP

Publicado: 01/04/2013 en Politica
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Tras una operación de la inteligencia estadounidense en Quito, se creó en Nueva York en 1950 el cartel de los grandes propietarios de medios de comunicación del continente para suplantar en la práctica a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), organización panamericana legítima creada en La Habana en 1943, según analizan los escritores Eva Golinger y Jean-Guy Allard en su libro La agresión permanente publicado en el 2009.

Así se abrió una deprimente historia de generación, promoción y control de la información pública para encauzar las creencias y los valores de las sociedades del sur en función de los intereses de los gobiernos estadounidenses en Norteamérica.

Y no hizo más que revelar los lazos y vínculos con el complejo militar-industrial en avance hacia las altas esferas del poder, para dar lugar a otro gran sistema de poder y dominación que ahora pudiera llamarse el complejo-militar-industrial-financiero-comunicacional (CMIFC), garante de las guerras de ocupación y de la desestabilización en cualquier punto del globo terrestre, logrando presentarlo todo ante las sociedades del planeta, y a través de los medios de comunicación vinculados, como “victorias del mundo libre”.

De acuerdo con el investigador Ernesto Vera el complot creado por miembros de la CIA en la reunión de la SIP en Quito, Ecuador, 1949, fue el principio de un plan que buscaba que el departamento de Estado norteamericano montara sus garras sobre en organismo defensor de la libertad de prensa, para ser manejado atendiendo a los intereses estadounidenses.

En la reunión participaron tres personajes representantes de Estados Unidos, de ellos dos eran altos oficiales de los servicios de inteligencia; Jules Dubois y Joshua Powers, en compañía del alto funcionario del Departamento de Estado Tom Wallace.

“Así que en el congreso de Quito, a través de varias investigaciones, hábilmente realizadas, Dubois y sus cómplices introducen como propuesta que la reunión siguiente (1950) de la organización se realice en territorio de Estados Unidos, en Nueva York. A pesar del hecho que varios delegados desconfiaban de aquella propuesta, una resolución en tal sentido finalmente se aprobó”, según destacan Allard y Golinger en el citado libro.

El planteamiento de los representes estadounidenses en la cita, orientado por la CIA, continuó alcanzando sus objetivos pues no invitaron a este encuentro en Nueva York a los periodistas de medios de comunicación progresista o no les dieron visa, bajo pretexto que eran comunistas, según relata Vera.

El caso más recordado de esta componenda o complot lo sufrió Carlos Rafael Rodríguez representante del periódico cubano Noticias de Hoy y miembro del Partido Socialista de Cuba (Partido Comunista), quien es detenido al acudir a la reunión en la capital estadounidense por las autoridades migratorias.

Esta confabulación planteada por los siempre agresores gobiernos de Estados Unidos, sufre su verdadero efecto sobre la SIP pues los grandes propietarios de medios, reunidos en Nueva York, cambiaron todos los estatutos y los magnates de la prensa del continente se convirtieron así en los “secuestradores de la libertada de prensa”.

Vera recuerda que cuando se creo la SIP en 1943 en La Habana, cada país tenía un voto independientemente de la cantidad de órganos de prensa afiliados.

El golpe fuerte de la CIA, luego de lograr su reunión en Nueva York, fue que se aprobó que en lugar de cada país, fuera que cada órgano de prensa tendría un voto y así lograron convertir a la sociedad de países en una sociedad de accionistas, un verdadero cartel de 424 afiliados.

Desde entonces, el departamento de Estado de EEUU, apoderado a sus anchas de la SIP en compañía de los magnates de la comunicación de la región no ha cesado en su campaña mediática con montajes y tergiversaciones de diversas índoles contra todas las causas nobles de los pueblos que atenten contra los intereses del CIMFC, en las cuales siempre contó con la participación de accionistas venezolanos.

Como es ahora el caso de Miguel Henrique Otero, principal accionista del periódico venezolano El Nacional, y que aparece en la estructura de la SIP como vicepresidente en una de sus comisiones ejecutivas dedicadas a defender a los medios de comunicación que a diario inundan de mentiras sus artículos y notas contra los procesos sociales dirigidos hacia lograr una mayor independencia y desarrollo, como es el proceso bolivariano en Venezuela, la revolución cubana y la revolución boliviana, el proceso sandinista y la revolución ciudadana en Ecuador.

Incluso, en varios foros se afirma que Otero fue uno de los principales instigadores comunicacionales, a fines del 2001, a cometer actos insconstitucionales en Venezuela como fueron los paros patronales de ese año, el golpe de Estado de abril del 2002, el paro petrolero de fines de ese año y principios del 2003, entre otros hitos de su decadente carrera.

Grabaciones radiales, televisivas y archivos de hemerotecas guardan fehacientes pruebas de todo ello.

Muchos hechos en los últimos 30 años confirman las peores sospechas y denuncias sobre la SIP, incrementadas a partir de haberse creado la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap) en 1976, una organización que consideró desde sus inicios que “el derecho a la información veraz es un derecho social”.

Por suerte –dijo un ex presidente de la Felap-, cada día hacen menos daño los grandes monopolios de la información porque “cada dia crece más la conciencia crítica sobre el papel de los medios en las sociedades de nuestros países”.

En el transcurso de las seis décadas, la SIP jugó un papel vergonzoso. Intervino en los asuntos de la Unesco, para defender el control de la información por la empresa privada; participó en la propaganda sucia contra el gobierno democrático de Salvador Allende hasta su derrocamiento por golpe de Estado.

Mantuvo férreo control de las informaciones emanadas de la OEA; se calló durante el golpe contra Chávez; se dedicó a posicionar imágenes y símbolos terroristas contra Cuba; penetró la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a través de sus órganos de prensa y comités de trabajo; y restringe la información sobre los constantes asesinatos de periodistas en Honduras y en Colombia, entre otros lamentables hechos.

(Fuente ABN)

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