Los Estados Unidos y el terrorismo

Publicado: 30/04/2013 en Politica
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Dr. Salvador Capote.

Según la historia oficial, Estados Unidos comenzó a ayudar a los mujahidines en Afganistán y a organizar y armar a la organización terrorista al-Qaeda en respuesta a la invasión soviética a ese país. Pero la realidad es otra. Si lee usted las memorias, publicadas en 1996, del exdirector de la CIA, Robert Gates, encontrará que éste confiesa que los servicios de inteligencia de Estados Unidos comenzaron la guerra sucia en Afganistán seis meses antes de la invasión soviética que se produjo a fines de 1979. La afirmación de Gates fue confirmada en 1998 por Zbigniev Brzezinski, consejero de seguridad nacional del presidente Carter, en una entrevista con “Le Nouvel Observateur”: “La realidad, mantenida en secreto hasta hoy -dijo Brzezinski- es completamente diferente: el 3 de julio de 1979 el presidente Carter firmó la primera directiva para la ayuda clandestina a los oponentes del régimen pro-soviético de Kabul. Y ese mismo día, escribí una nota al presidente en la cual le expresé mi opinión de que esa ayuda conduciría a una intervención militar soviética”.
La ayuda de Estados Unidos al fundamentalismo islámico, que provocó la intervención soviética y fue continuada por varias administraciones, trajo consecuencias trágicas, en primer lugar para Afganistán, con 1.8 millones de muertos y 2.6 millones de refugiados. El monstruo del terrorismo, en cuya génesis Estados Unidos no puede negar responsabilidad, golpeó a este país como un bumerán el 11 de septiembre. Al-Qaeda se esparció y se fortaleció en decenas de países y como dije en ocasión anterior, sólo los muertos han visto la terminación de la guerra.

En 1980 Estados Unidos traicionó (una vez más) los acuerdos de no proliferación de armas nucleares al hacerse cómplice de que Pakistán desarrollase el arma nuclear a cambio de la participación de este país en la guerra sucia en Afganistán contra la intervención soviética, lo cual queda claro en una nota de Brzezinski al presidente Carter: “Esto [la ayuda del gobierno pakistaní a la insurgencia antisoviética] exigirá una revisión de nuestra política hacia Pakistán: más garantías para su gobierno, más ayuda en armas y, lamentablemente, la decisión de que nuestra política de seguridad con respecto a Pakistán no puede estar dictada por nuestra política de no proliferación.”
Estados Unidos vendió su alma al diablo con la alianza entre la CIA, la inteligencia saudí y el general musulmán Mohammed Zia-ul-Haq, líder de la dictadura militar pakistaní entre 1977 y 1988 (murió en un misterioso accidente de aviación el 17 de agosto de 1988). La CIA obvió el hecho de que Pakistán tenía sus propios intereses nacionales: evitar que el país quedase emparedado entre una India hostil y un Afganistán prosoviético, evitar el fortalecimiento de un movimiento Pashtún independiente y crear las condiciones para la insurgencia en Cachemira contra la India. Con el surgimiento del Talibán en 1994, Pakistán y Arabia Saudí continuaron apoyándolo secretamente y Estados Unidos tardó mucho tiempo en constatar que habían estado suministrando armas y billones de dólares a sus propios enemigos.

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